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LOS PODERES DE “CHOQUE CHINCHAY”
(Leyenda)
Autor: Lic. Jaime
Carhuamaca Cervantes, Profesor del Colegio de Ciencias
y Humanidades "6 de Agosto" de la Provincia
de Junín
En
los altiplanos de Junín y Bombom, a orillas del
lago Chinchaycocha fueron estableciéndose tribus
nómades que subían de la costa, conociendo
los alimentos que el mar les brindaba junto a las aves
y otras plantas existentes en su zona; de igual modo sucedió
con los nómades que subieron de la selva.
Los que se asentaron en ésta formaron la aguerrida
legión de los pumpush; a pesar de su larga caminata
y el cambio brusco del clima conservaban su buen estado
de salud y para combatir el frío de la zona comenzaron
a cazar y domesticar la llama, apreciada por la lana con
el que cubrían su cuerpo, del mismo modo aprovechaban
la carne que era asada para alimento humano.
El
tiempo transcurría, las provisiones se fueron agotando
los frutos traídos eran comidos y las pepas que
votaron ya no volvía a salir; esto hizo que los
“runas” fueran debilitándose, los machos,
“Olgo Kuna”, habían perdido la fuerza
en el trabajo y aún peor les iba en el aspecto
viril; las hembras, “Warmi Kuna” habían
perdido la feminidad y la fertilidad.
El pueblo se fue extinguiendo poco a poco, pero nunca
trataron de buscar la solución al problema.
Entre
ellos comenzaron a culparse. Estas discusiones se fueron
agudizando en gritos desesperados de rabia.
Esto llegó a oídos del dios “Choque
Chinchay” quién de vez en cuando mostraba
su presencia en medio del lago a través de un haz
de luz destellante que rugía como fiera encerrada,
escuchándose hasta los confines del universo.
Enfurecido por lo que sucedía en sus dominios,
“Choque Chinchay”, trató de descargar
su ira en la población, al ver que todos se echaban
la culpa y nadie hacía nada por remediar la situación,
quiso castigar a los “runas” de las orillas
del chinchaycocha haciendo acto de presencia en medio
de ellos, mostrando su virilidad, fortaleza, fecundidad
y eterna juventud; a una población envejecida,
estéril, débil, cansada..., en una palabra,
vencida.
Es
así, como el “Lince” rugiente sale
de su aposento, para castigar a la tribu de los pumpush;
observó a la primera pareja que discutía
en voz alta y en ellos descargó su ira, pero en
ese instante se cruzó una hermosa manada de vicuñas,
al verlas corrieron en busca de su hermosa lana y al instante
se oyó el rugido del “Lince” y un haz
de luz cayó, justo en el lugar donde la pareja
discutía; esta descarga alertó a los miembros
de la comunidad, quienes luego de varios minutos asustados
por la presencia del dios de los Pumpush, “Choque
Chinchay”, entre ellos; salieron y encontraron enceguecidos
y perplejos a la pareja.
En
el lugar donde había descargado su ira el dios
de los Pumpush se encontró una hermosa alfombra
que cubría un espacio pequeño de forma cuadrada.
Perplejos por el acontecimiento se acercaron con gran
reverencia para observar de cerca la hermosa alfombra
verde, al contemplar la consideraron como un lugar sagrado
de adoración al “Choque Chinchay”.
Fue transcurriendo el tiempo y la alfombra verde no se
marchitaba, porque era resistente a las heladas de la
zona, mientras que otras plantas se marchitaban con gran
rapidez.
Por
buen tiempo fue adorado como presencia viva del dios “Chinchay”.
Era el único lugar verde en la zona, frente a la
inmensidad de los pajonales.
La curiosidad de uno de los hombres de la comunidad hizo
que una noche de luna llena, escarbara la tierra para
ver que existía bajo esta planta que la hacía
resistente a la altura, descubriendo así raíces
en forma cónica como la punta de lanza, entonces
se imaginó que el dios “Chinchay” no
había podido penetrar a la “Mama Pacha”;
intrigado por el hallazgo se le ocurrió echar en
una vasija las raíces robadas del lugar sagrado,
le agregó agua de la laguna y lo llevó al
fuego, a medida que comenzaba a bullir el agua presentaba
un color marrón y de pronto, se sintió un
aroma que fue llenando el ambiente.
Atraídos
por el aroma el resto de la tribu rodeó silenciosamente
la choza de este hombre; entonces éste, dejó
entibiar el brebaje, probó un poco, y al degustar
sintió que era agradable y se bebió todo
el líquido, al instante sintió rejuvenecer,
se le abrió el apetito sexual, tenía ganas
de trabajar...
Era el amanecer. Sin dudar salió al campo a perseguir
las llamas, y su mujer se sintió muy feliz, tanto
así que el rostro se le había rejuvenecido.
Visto
todo estos cambios en la pareja, preguntaron qué
había sucedido y producto de qué era ese
aroma tan delicioso.
Sin dudarlo, pensando en conseguir la armonía de
la comunidad señalaron la alfombra verde gritando
- ¡“Mama Pacha”!, ¡“Mama
Pacha”!; al solo ver lo señalado no escucharon
claramente lo dicho por los “runas” y el eco
de los cerros, solo replicó ¡Maaa..quam....!,
¡maaa..quam....!
Así
es que nadie respetó lo sagrado de la alfombra.
Iniciaron la cosecha en forma desordenada y desmedida
para robar los poderes de fertilidad, juventud y las ansias
de trabajar.
Esta falta de respeto al lugar sagrado enojó mucho
al dios “Choque Chinchay”, ya que en el manto
verde se había quedado parte de su forma de ser,
y al no poder recuperar los poderes que había dejado
en la bendita raíz se lamentó. Más
enojado aún maldijo a la pareja, mandándole
muchos hijos, y a la raíz le maldijo con estas
palabras: “No es posible que tú transmitas
mis poderes a los hombres, por haberlo hecho, desde hoy,
la tierra que te engendre se quemará y tardará
mucho tiempo para que vea crecer a nuevos seres vivientes;
así como se a quedado contigo mis poderes también
tendrá que permanecer a tu lado el calor que brota
de mí ser, para siempre”.
Aún
, habiendo escuchado la sentencia del dios de los Pumpush,
los pobladores continuaron con la siembra y cosecha de
la divina raíz; la producción era buena,
el consumo se realizó de diferentes formas, pero,
observaban con pena que la tierra en que se producía
la “Maqam” no volvía a crecer nada
en mucho tiempo. Es el castigo de “Choque Chinchay”,
dijeron.
El “Lince” pensó que jamás se
volvería a sembrar la divina y prodigiosa planta,
y así se quedaba tranquilo creyendo que sus poderes
ya no serían más difundidos por el mundo.
Pero el Pumpush al darse cuenta de los poderes curativos,
nutritivos y de fertilidad de esta raíz, prefirió
el castigo a dejar de sembrar la milenaria y prodigiosa
“MACA”, hasta nuestros días.
"FIN" |
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